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Fisioterapia

Electrólisis percutánea (EPI): qué es y para qué tendinopatías

Helena Garganté · 15 marzo 2027 · 4 min de lectura

Si arrastras una tendinopatía que no acaba de mejorar solo con ejercicio, es posible que te hayan hablado de la electrólisis percutánea, más conocida como EPI. Es una técnica de fisioterapia que se ha hecho un hueco en el tratamiento de los tendones que se resisten.

La idea asusta un poco al escucharla: una aguja, corriente y el tendón. Pero explicada con calma tiene mucho sentido, y siempre va acompañada de ecografía y de ejercicio.

Vamos a ver qué es exactamente, para qué lesiones se usa y qué vas a notar si te la aplicamos.

Lo que vas a leer

  • En qué consiste la electrólisis percutánea.
  • Por qué se hace guiada por ecografía.
  • Para qué tendinopatías está indicada.
  • Qué vas a notar durante y después.
  • Por qué el ejercicio es imprescindible.

Qué es la electrólisis percutánea

La EPI consiste en aplicar una corriente eléctrica continua de baja intensidad a través de una aguja fina que se introduce en el tendón lesionado. Esa corriente genera una reacción local que estimula al cuerpo a poner en marcha un proceso de reparación en una zona donde el tendón se había quedado "estancado".

Muchas tendinopatías crónicas no son una inflamación clásica, sino un tejido degenerado que no termina de curar. La EPI busca reactivar esa reparación y, combinada con carga progresiva, ayudar a que el tendón vuelva a tolerar el esfuerzo.

Es una técnica reservada a fisioterapeutas con formación específica. No es un remedio milagroso ni sustituye al ejercicio: es una herramienta más dentro de un plan.

Por qué se hace guiada por ecografía

La clave de la técnica moderna es que se realiza ecoguiada. El fisioterapeuta ve en la pantalla el tendón, la aguja y la zona exacta a tratar en tiempo real.

Esto aporta dos ventajas importantes: precisión, porque se trata solo la parte del tendón que lo necesita, y seguridad, porque se evitan estructuras que no se deben tocar, como vasos y nervios. Sin ecografía se trabajaría a ciegas; con ella, el gesto es mucho más fino.

Para qué tendinopatías se usa

La EPI se plantea sobre todo en tendinopatías que llevan tiempo y no han respondido bien a un tratamiento conservador bien hecho. Estas son algunas de las más habituales:

TendónProblema típico
RotulianoRodilla del saltador
AquilesDolor en corredores
Epicondíleos (codo)Codo de tenista o de pádel
Manguito rotadorDolor de hombro por sobreuso
Isquiotibiales proximalesDolor bajo el glúteo al sentarse

No todas las tendinopatías necesitan EPI ni todas las personas son candidatas. La decisión se toma tras una valoración, incluyendo el tiempo de evolución, la respuesta previa al ejercicio y las características de tu caso.

Qué vas a notar

Durante la aplicación puedes notar un pinchazo y una sensación particular mientras pasa la corriente, a veces descrita como un calambre o un escozor breve en el tendón. La molestia dura poco y se controla ajustando la intensidad.

Tras la sesión es normal notar la zona algo dolorida durante uno o dos días, parecido a unas agujetas locales. Suele recomendarse no forzar en ese periodo y retomar la actividad de forma progresiva según las indicaciones.

No es una técnica de una sola sesión: lo habitual es un pequeño número de sesiones espaciadas, siempre reevaluando cómo responde el tendón.

Sin ejercicio no hay resultado

Este es el punto más importante y el que más se olvida. La EPI no funciona sola. El estímulo que de verdad hace que un tendón vuelva a estar fuerte es la carga progresiva: ejercicios de fuerza bien dosificados que enseñan al tendón a tolerar el esfuerzo otra vez.

La EPI ayuda a "despertar" la reparación, pero es el trabajo de fuerza el que consolida el resultado y evita recaídas. Por eso siempre se integra dentro de un programa de ejercicio individualizado, y no al revés.

Conviene también gestionar las expectativas sobre los plazos. Un tendón que lleva meses degenerado no se recupera en una semana: los tejidos tendinosos se adaptan despacio, y lo normal es hablar de un proceso de varias semanas en el que vas notando mejoras escalonadas. La EPI puede acelerar ciertas fases, pero no elimina esos tiempos biológicos. Si alguien te promete una recuperación exprés de una tendinopatía crónica, desconfía: lo que funciona es la combinación de técnica, paciencia y una progresión de carga bien planificada, con reevaluaciones periódicas para ir ajustando el plan a cómo responde tu tendón.

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Helena Garganté

Fisioterapeuta (col. 11686) y podóloga (col. 2240), cofundadora de Fisiomove y profesora del Grado de Podología de la UB. Contenido revisado por el equipo clínico colegiado.

Contenido educativo con fines informativos, revisado por el equipo clínico colegiado de Fisiomove. No sustituye una valoración profesional presencial: ante dolor persistente, consulta con tu fisioterapeuta o podólogo.

FAQs

Preguntas frecuentes

Se nota el pinchazo de la aguja y una sensación particular al pasar la corriente, a veces como un calambre breve. Es molesto pero tolerable, y se ajusta la intensidad. Después la zona queda algo dolorida uno o dos días.

Depende del tendón y del tiempo de evolución, pero suele ser un número reducido de sesiones espaciadas. En cada visita se reevalúa la respuesta antes de decidir continuar. La valoración inicial te dará una estimación.

No. La EPI ayuda a reactivar la reparación del tendón, pero el resultado lo consolida el ejercicio de fuerza progresivo. Sin ese trabajo de carga, el efecto es limitado y hay más riesgo de recaída.

No todas la necesitan ni todas las personas son candidatas. Se plantea sobre todo en tendones que llevan tiempo y no han respondido al ejercicio bien hecho. Se decide tras valorar tu caso con ecografía.

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